¿Por qué mienten los adolescentes?

En ese camino por construir su personalidad los jóvenes toman decisiones y seguirán haciéndolo hasta el final de sus vidas.

Lo que nos encontramos es que, en la adolescencia, los estímulos que influyen en la toma de decisiones cambian, en unos casos, y se hacen más fuertes en otros.

Al cambiar la percepción de la realidad, al ir acomodando nuevas sensaciones y emociones que surgen día a día, al ir recibiendo un trato diferente por parte de los adultos, en algunas ocasiones, la decisión tomada pasa por ocultar una realidad o generar una inexistente, con el fin de autoprotegerse.

La baja autoestima, los problemas de relaciones sociales, la falta de confianza y la comunicación fluida con los padres… pueden ser algunas de las causas que generan esta decisión de mentir.

En muchas ocasiones, los adultos con los que interacciona el adolescente actúan desde la superioridad (queriendo demostrar que ellos son los que saben cómo hacerlo bien, que tienen siempre razón, que ellos sí son competentes…) y provocan en sus hijos sentimientos de incapacidad y culpa “Nunca voy a poder estar a su altura”, y les invita a mentir para evitar la tan temida crítica.

Si el adulto resuelve las situaciones con excesivo control también se genera una rebeldía que le invita a mentir para crear un mundo a “su manera” y no estar sometido al control que le marcan, propio de la búsqueda de identidad e independencia familiar de esta etapa evolutiva.

Si los padres son muy rígidos y poco tolerantes, prefieren mentir para evitar sermones, castigos, agresiones…u otras prácticas inadecuadas, que generan distancia y desconfianza y no favorecen la comunicación.

Con frecuencia, los adultos utilizan la mentira como excusa para evadir responsabilidades: “¿Antonio Pérez? Si. Ahora no puedo atenderte estoy ocupado. ¡Qué pesados con la publicidad por teléfono!”. No olvides que eres su modelo.

Crecen confundidos porque en numerosas ocasiones los adultos les mienten para “protegerlos”: “No se lo voy a decir a papá, pero no vuelvas a hacerlo

Si afrontamos las causas que generan estas conductas y analizamos la mentira vemos que los dos parámetros esenciales para medir su gravedad son: la intención que la impulsa y el efecto que ésta causa.

Los adultos se quejan de que no pueden confiar en ellos. La confianza no se decreta, se gana cuando se da la posibilidad de crear un clima de intimidad en el que nos sintamos cómodos, desde el respeto mutuo. Manteniendo relaciones horizontales, sin luchas de poder.

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SONIA MACHADO SÁNCHEZ – Psicóloga CV-10160

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