La función del miedo

El miedo es probablemente la emoción humana más popular en los últimos tiempos. Nos decimos constantemente que no debemos tener miedo, apostamos por una vida sin miedo, porque le consideramos nuestro peor enemigo. ¿Qué ocurriría si el ser humano nunca tuviera miedo? Solo existe una respuesta: moriríamos.

El miedo es una emoción que cumple un papel fundamental: la supervivencia. Sin miedo, viviríamos de forma tan temeraria que pondríamos en peligro nuestra vida y moriríamos a los pocos días de no tener miedo. Por tanto, tiene una utilidad muy importante en nuestra vida. Nuestro gran problema con el miedo, es que tenemos miedos disfuncionales.

Es una emoción que nos parece desagradable, ya que nos hace sentir mal (aunque no negativa, ya que sentir emociones siempre es positivo, sea la emoción que sea). También es una emoción evasiva, ya que trata de retirarnos de lo que ocurre. Cuando sentimos miedo, nos sentirnos también indefensos y esto nos lleva a retiramos.

El miedo es un mecanismo adaptativo a un entorno que, en ocasiones, nos da motivos para temerlo.  Como puede ser en esto momento la prohibición de libertad. Podemos vivir la amenaza sobre nuestra vida, si enfermamos, sobre nuestra autoestima si no somos capaces de gestionar nuestros pensamientos y nuestras emociones, sobre nuestra seguridad por no tener el control de lo que está pasando… No nos olvidemos que el miedo en sí mismo es positivo, nos ayuda a alejarnos de un suceso para el cual todavía no estamos preparados.

¿CUÁNDO EL MIEDO ES UN PROBLEMA?

El miedo no es un problema. El problema es lo que hacemos con el miedo.

¿CÓMO DEBEMOS GESTIONAR EL MIEDO?

Pregúntate que te gustaría hacer realmente y no haces. Qué te gustaría vivir y no vives. Cómo te gustaría recordar esta situación y si estás haciendo lo necesario para llegar a ello.

“NO TENGAS MIEDO, VIVE A LO GRANDE A PESAR DE TUS MIEDOS”

El miedo nos invade en esta situación de confinamiento. Al cerebro lo podemos engañar, a nuestras emociones no. Estamos oyendo sin parar estos días la necesidad de mantener ocupados, distraídos, de no focalizarnos todo el tiempo en pensamientos negativos catastróficos, y es cierto que estas estrategias son positivas y muy importantes para evitar obsesionarnos. Pero tampoco podemos olvidar que también es importante permitirnos, en determinados momentos, experimentar las emociones que esta situación está desencadenando. Bloquearlas, negarlas o tratar de huir todo el tiempo de ellas también es negativo. Así que es importante dedicar un espacio de tiempo a permitirnos sentir la desazón, el miedo, la ansiedad o la frustración que nos pueda estar produciendo el confinamiento. Durante ese espacio de tiempo, solo debes respirar. Y permitirte experimentar las emociones libremente. Meditar puede ayudarte a ello.

Pero no podemos caer en este estado todo el tiempo. Por lo que es recomendable reservar un tiempo para ello, y después volver a activarnos y continuar con la actividad.

A menudo evitamos entrar en contacto con las emociones que consideramos negativas, o que son perturbadoras, porque tenemos la creencia de que, si nos permitimos experimentarlas, luego no podremos salir de ese estado. Que nos deprimiremos, o nos arrastrará la preocupación, o nos quedaremos anclados en la tristeza.

Pero no es así.

Estamos preocupados, y es normal, porque estamos viviendo una situación sin precedentes y no sabemos bien ni cómo gestionarla ni cuáles serán las consecuencias que se deriven de la misma.

Así pues, si estamos en inmensos en el miedo mejor no tener en cuesta a nuestros pensamientos, no tomar decisiones…lo mejor es esperar, hasta que volvamos a tener un estado mental relajado y sereno, con el que será más sencillo poder valorar la situación y tomar decisiones mucho más racionales.

¿QUÉ CONSECUENCIAS PSICOLÓGICAS PUEDE TENER EN NOSOTROS Y NUESTROS HIJOS ESTE PERIODO DE CONFINAMIENTO? 

Nos encontramos con una situación nueva, para la que aún no tenemos muchas respuestas. Existen algunos estudios que han analizado las secuelas de aislamiento prolongados, por ejemplo, en niños hospitalizados, pero las circunstancias son diferentes, el niño esta enfermo y no sano, y no está en su casa que es un entorno seguro y con su familia, por lo que no se pueden extrapolar los resultados.

Los niños, y el ser humano en general, tiene una gran capacidad para adaptarse. Vamos a quedarnos con esto por el momento.

SONIA MACHADO SÁNCHEZ – Psicóloga CV-10160 Dirección CENTRO IDEAT

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